El overclocking es una técnica avanzada que consiste en aumentar la velocidad de reloj del procesador (CPU) y, en ocasiones, del procesador gráfico (GPU) de una consola o dispositivo por encima de las especificaciones del fabricante. En el nicho de las consolas portátiles de emulación chinas (como las de Anbernic o Retroid), realizar un overclock controlado es una práctica habitual para obtener un extra de potencia necesario para ejecutar emuladores exigentes como los de Nintendo 64, Dreamcast o PSP de manera fluida.
Al forzar al procesador a trabajar más rápido, se pueden eliminar caídas de fotogramas (frameskip) y mejorar la estabilidad general del juego, haciendo jugables títulos que, de stock, funcionarían lentos o con el audio entrecortado. Sin embargo, se trata de una práctica con riesgos y desventajas, como el aumento notable de la temperatura del dispositivo, lo que puede resultar incómodo en las manos, y un drenaje más rápido de la batería, por lo que se recomienda activar perfiles de overclocking solo cuando el juego realmente lo necesite.